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Pensamiento analítico: claves de su uso en la resolución de problemas

Todos razonamos, pero no todos lo hacemos de la misma manera, sino que nuestra forma de pensar está sujeta a nuestros prejuicios, educación, experiencias… No obstante, si queremos llegar a conclusiones acertadas existen diferentes fórmulas o procesos cognitivos para lograr superar estos filtros mentales; una de ellas es el pensamiento analítico.

“El pensamiento analítico es reflexionar sobre lo que reflexionas, mientras reflexionas, para que tu reflexión sea menor”. Richard Paul

Pensamiento analítico: claves para su uso en la resolución de problemas

Aunque pueda parecer un trabalenguas, esta definición recoge la esencia del pensamiento analítico. Veamos qué es, cuáles son sus características y criterios y cómo aplicar este modelo de razonamiento a nuestro día a día.

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Concepto de pensamiento analítico

El pensamiento analítico no es más que una de las diferentes formas de acción o razonamiento para crear, regular o modificar nuestras ideas. Estas opciones son, según apunta José Moya Otero en Procesos cognitivos y tipos de pensamiento, “una invención social que hemos incorporado, en mayor o menor medida, a nuestra mentalidad; son construcciones sociales e históricas”.

Así, a la hora de afrontar un problema, cada sujeto puede o debe -según las circunstancias y las metas que persiga- optar por una forma u otra de razonamiento: reflexivo, lógico, crítico, sistémico, analógico, creativo, deliberativo, práctico o analítico.

Ahora bien, ¿qué diferencia al pensamiento analítico del resto de procesos cognitivos? En este sentido, Matthew Lipman, en El lugar del pensamiento en la Educación, entiende esta forma de razonamiento como un “pensamiento muy hábil y responsable que conduce a un juicio correcto, debido a que se basa en el contexto, se apoya en criterios y se corrige a sí mismo”.

Esta forma de razonamiento consiste en una división de una misma realidad en partes más pequeñas, claramente diferenciadas y homogéneas. El pensamiento analítico nos ayuda, según Moya Otero, a ‘encuadrar’ o ‘cuadricular’ la realidad para poder llegar a pensarla mejor. El objetivo, por tanto, es descomponer un asunto en secciones más asequibles para lograr las mejores conclusiones, lo que lo convierte en una técnica muy útil en el ámbito empresarial, dada la complejidad de los problemas.

Características del razonamiento analítico

Según Aprender a pensar: pensamiento analítico para estudiantes, de Gerald M. Nosich, el pensamiento analítico se caracteriza por los siguientes elementos:

  • Es reflexivo: implica reflexionar sobre el propio pensamiento.
  • Está normalizado: el razonamiento se desarrolla sobre una serie de fases, normas o criterios.
  • Es auténtico: se centra en la resolución de problemas y cuestiones reales.

Normas de aplicación de la metodología

Para ello, a la hora de desarrollar el pensamiento analítico, las personas deben guiarse por las siguientes pautas a la hora de buscar una solución a un problema o hecho:

  • Claridad: el resultado debe ser comprensible por cualquier otro sujeto.
  • Exactitud: el proceso debe estar libre de errores o distorsiones y toda la información y conclusiones deben ser ciertas.
  • Precisión: el razonamiento tiene que contener el nivel de detalles necesarios.
  • Relevancia: debe enfocarse a la resolución del asunto en cuestión.
  • Profundidad: en el proceso deben existir complejidades y múltiples interrelaciones entre los hechos estudiados.
  • Amplitud: debe englobar múltiples perspectivas.
  • Lógica: las partes tienen sentido como un todo, sin que existan contradicciones entre ellas.
  • Significado: debe enfocarse en lo más importante, en el propósito final, no en aspectos triviales de la cuestión.
  • Imparcialidad: se basa en argumentos objetivos que se pueden justificar.

Fases del proceso analítico

Como técnica normalizada, el proceso analítico está sujeto a una serie de fases. En concreto, según la guía  Los fundamentos del pensamiento analítico, escrita por Linda Elder y Richard Paul para The Foundation for Critical Thinking, el pensamiento analítico consta de los siguientes pasos:

  1. Definir el propósito. ¿Qué queremos lograr? El primer paso del proceso consiste en determinar cuál es nuestro propósito u objetivo, es decir, lo que deseamos lograr y los motivos e intenciones que nos impulsan.
  2. Exponer la pregunta. Debemos plantear una serie de preguntas claras y precisas sobre el problema y todos los aspectos inherentes al asunto.
  3. Recopilar información. Para dar respuesta a estas cuestiones, es necesario que recojamos todos los hechos, datos, evidencias y experiencias posibles. Las personas somos reacias a reconocer los problemas, por lo que la pregunta o problema real suele estar escondido u oculto. Como señala la guía mencionada, “necesitamos valor intelectual para traer los problemas y asuntos reales a la superficie”.
  4. Prestar atención a las inferencias. Las inferencias, según Elder y Paul, son “interpretaciones o conclusiones a las que llegamos a partir de una evidencia lógica sobre hechos implícitos”. Ahora bien, debemos prestar atención a la información que falta sobre un asunto, especialmente la que pueda originar autoengaño o contradicciones, pues solemos buscar la información que sustenta nuestras creencias y obviar aquella que las pone en duda.
  5. Verificar las suposiciones. Para llegar a conclusiones libres de injerencias personales, es esencial analizar las creencias que damos por sentado y que operan en el subconsciente y cerciorarnos de que están justificadas también por una evidencia sólida.
  6. Clarificar los conceptos. Del mismo modo, también debemos reflexionar y razonar sobre las ideas, principios o hipótesis que empleamos para dar sentido a cualquier hecho, pues el origen de los fallos en el proceso se produce, en general, por basarse en suposiciones falsas.
  7. Comprender el punto de vista. ¿Cuál es nuestra forma de ver el problema? Cada persona percibe la realidad bajo su perspectiva, y el pensamiento analítico requiere de un esfuerzo por ser consciente de cuál es la nuestra y qué otros puntos de vista existen sobre el mismo asunto, para evitar distorsiones. “Una de las características del pensador crítico es su capacidad para entrar dispuestamente en cada y cualquier punto de vista, y luego cambiar su punto de vista, cuando la evidencia lo amerite”, señala el trabajo.
  8. Pensar en las implicaciones. Se trata de adelantar qué consecuencias -posibles y probables- va a provocar nuestra decisión una vez que se ejecute, tanto de forma directa como colateral.

¿Quieres saber más? En el Grupo P&A contamos con diferentes herramientas para profundizar en estas técnicas, como el programa ‘Las 8 Ds para el análisis y resolución de problemas’.
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Raquel Hevia Consultora de RRHH y Gestión del Talento
Grupo P&A

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