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Liderazgo empático: ¿qué deberían aprender los hombres de las mujeres?

La empatía se ha convertido, en la actualidad, en una cualidad muy demandada por las empresas, especialmente para los puestos de responsabilidad, en los que el profesional debe coordinar a un equipo. Ahora bien, si -como apuntó hace dos décadas el doctor John Gray- Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus, ¿en qué planeta prolifera más el liderazgo empático?  

Liderazgo empático: ¿qué deberían aprender los hombres de las mujeres?

Concepto de liderazgo empático

El liderazgo empático es aquel que “permite al líder ubicarse en el lugar de los seguidores y que, mediante el conocimiento de los individuos, habilidades para negociar y técnicas de intervención e integración, permite formar equipos de trabajo que generen valor agregado en sus actividades, dando ventajas competitivas a sus organizaciones, así como un incremento notable de la productividad, mediante innovaciones de calidad a los procesos productivos”, según la definición propuesta por Guillermo Velázquez Valadez en Liderazgo empático.

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Se trata, en palabras de Robert Stutton, autor de Good Boss, Bad Boss, de “entender cómo te diriges a los otros y cómo eres percibido por ellos, y de entender las fortalezas y las debilidades de los demás, así como qué es lo que los motiva”.

Para Antonio Manuel Montaño Sobrino, autor de Comunicación efectiva y trabajo en equipo, el liderazgo empático consiste en “ser capaz, mediante la escucha activa, de sortear los diferentes sesgos cognitivos (como el efecto halo o el sesgo de confirmación) y ocupar el lugar de la persona que le está hablando”.

¿Son las mujeres más empáticas?

Las investigaciones llevadas a cabo concluyen que la empatía es, a rasgos generales, más venusiana que marciana. De hecho, según explica Isabel Serrano-Rosa en el artículo Ellas ganan en empatía, en un experimento realizado por Giacomo Rizzolatti, las mujeres activan las zonas especulares de la empatía para descodificar mejor las emociones de los demás, mientras que los hombres son capaces de separar su emoción de la del otro. Esto se debe a que, según explica Simon Baron-Cohen en su libro La gran diferencia: cómo son realmente los cerebros de hombres y mujeres, la mente femenina está cableada para sentir empatía, mientras que la masculina está diseñada para sistematizar, es decir, para planear u organizar cosas.

En este sentido, a nivel empresarial, la empatía también es una cualidad que predomina, en términos generales, entre las líderes mujeres, como han puesto de manifiesto los expertos Jack Zenger y Joseph Folkman en sus investigaciones. En concreto, las directivas obtienen mejores puntuaciones que los hombres en 12 de las 16 competencias que caracterizan al liderazgo extraordinario, incluidas la capacidad de inspirar y motivar a otros, construir relaciones dentro de la organización o comunicarse de forma eficaz.

Por su parte, otro estudio desarrollado por la consultora Caliper, en el que se evaluó el potencial de más de dos millones de profesionales de más de 25.000 empresas de todo el mundo, concluye también que las mujeres son más empáticas y flexibles y disponen de una mayor inteligencia interpersonal que sus colegas varones.

Asimismo, la profesora de Psicología y Gestión de Organizaciones de la Universidad de Northwestern Alice Eagly, autora de Sex Differences in Social Behavior, ha demostrado esta vinculación entre liderazgo empático y liderazgo femenino, señalando que las directivas tienen más probabilidades de inspirar respeto y orgullo entre sus seguidores, de comunicar su visión de forma eficaz, de abordar la resolución de problemas de forma creativa y flexible y de reconocer y recompensar a sus colaboradores, mientras que los hombres flanquean más en conectar o crear vínculos con sus colaboradores.

Un liderazgo empático que, en el caso de las mujeres, se mantiene a lo largo de su ascenso profesional. En este sentido, según los trabajos de Zenger&Folkman, en los que analizaron a 9.500 líderes varones y 5.000 mujeres, los líderes masculinos son percibidos por el resto de compañeros (superiores, pares y subordinados) de manera más negativa a medida que promocionan en la empresa, mientras que las mujeres generalmente mantienen su popularidad a lo largo de toda su carrera. “Tanto hombres como mujeres recibieron una caída en el índice de simpatía cuando pasaron de supervisor de primer nivel a gerente medio, pero esta caída fue más precipitada para los hombres. Después, las mujeres recuperaron algo de terreno, mientras que la posición de los hombres continuó erosionándose, ampliando significativamente la brecha entre ellos”, explican en el artículo Success Doesn’t Make Women Less Likeable.

Pautas para desarrollar el liderazgo empático

Ahora bien, a pesar de una cierta propensión de las mujeres hacia el liderazgo empático, independientemente del género del directivo, es importante que los ejecutivos desarrollen esta cualidad, pues un auténtico líder necesita conectar con sus colaboradores si quiere ser capaz de inspirar y motivar a otros.

Un líder efectivo es capaz de “comprender la perspectiva del otro para saber cuál es su interés y, de esta forma, mostrar cómo su idea o iniciativa también contribuye a ese interés”, señala Lisa Bennet,  coautora de Ecoeducación: Educadores implicados en el desarrollo de la inteligencia emocional, social y ecológica, junto a Daniel Goleman. Este último autor, en Qué define a un líder, insiste en que el liderazgo extraordinario no radica tanto en el cociente intelectual o la formación técnica del profesional, sino en su habilidad para dirigir a los colaboradores hacia el éxito, gracias a una profunda inteligencia emocional que les permita captar las emociones del equipo y reconducirlas hacia la obtención de resultados.

Además, no debemos olvidar que el liderazgo empático actúa como un ‘virus’, contagiando esta forma de comportamiento al resto del capital humano mediante las denominadas neuronas espejo. De ahí que Dev Patnaik, en su libro Wired of Care: How Companies Prosper When They Create Widespread Empathy, recomiende que la empatía comience en la cúpula directiva de las empresas.

¿Cómo pueden imitar los hombres esta cualidad propia del colectivo femenino? Según puntualizan Elizabeth Manning Martínez, Giuseppe Amedeo da Ríos Galván y Rubén Leo Salinas, en Urge un líder con sentido humano, para desarrollar el liderazgo empático es necesario potenciar las siguientes conductas:

  1. Tratar de ponerse en el lugar de los demás, buscando el entendimiento desde la experiencia vital del otro.
  2. Intentar comprender al interlocutor a través de la escucha activa para poder ser, después, comprendido.
  3. Anteponer el propósito de ayudar a los demás al objetivo de ser seguido por el equipo, que será una consecuencia natural de un liderazgo empático bien ejercido.
  4. Atender tanto al mensaje racional y lógico que el otro intenta transmitir, como al contenido afectivo sobre los sentimientos de los demás implícito en la comunicación verbal y no verbal.
  5. Ofrecer reconocimientos sinceros a los trabajadores.
  6. Promover climas de trabajo donde exista espíritu de colaboración y de servicio a la organización y donde se propicie una comunicación efectiva y participativa en la que los colaboradores se sientan escuchados.

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Mariano Opere Director de Estudios y RR.HH. en Grupo P&A
Consultor de Dirección, liderazgo y habilidades directivas, con larga experiencia en proyectos de consultoría en empresas internacionales y pymes

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