La transformación digital es uno de los grandes retos de los directivos en la actualidad. De hecho, el 89% de los ejecutivos están planificando o implantando iniciativas tecnológicas en sus compañías, según el estudio Status of Digital Transformation Initiatives, de Fujitsu Business Leaders. Ahora bien, ¿qué sería de estos proyectos de digitalización sin agilidad organizacional?

La agilidad organizacional como herramienta del cambio

El cambio, en cualquier ámbito, requiere poder de adaptación. Ya lo decía Charles Darwin: “No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio”.Agilidad organizacional

Sin esta capacidad, cualquier negocio está abocado al fracaso. De ahí que la ‘liquidity’, esa habilidad para afrontar nuevos escenarios, se haya convertido en una de las principales competencias de los profesionales, según el trabajo Soft Skills 4 Talent, del Human Age Institute.

La agilidad organizacional cobra especial protagonismo en la C-Suite, ya que es la responsable de inocular la nueva visión en los equipos,  inspirarlos y motivarlos en el proceso de adaptación digital. “Cambiar el modo de hacer las cosas puede causar fricciones, impactar en la toma de decisiones, dificultar el progreso y desmotivar a las personas, por tanto, es muy  importante  que todo buen líder sea capaz de fomentar comportamientos adecuados” señala el informe Del directivo tradicional al líder digital: Los retos de la Transformación Digital, de Manpower Group.

Los 5 comportamientos clave de la agilidad organizacional

En este sentido, Workday ha publicado un reciente estudio, basado en una encuesta realizada con un millar de directivos empresariales, cuyo objetivo era determinar cómo utilizar la agilidad organizacional para estimular el crecimiento digital con éxito.  

¿Qué cualidades debe poseer el líder? Según Organizational Agility at Scale: The Key to Driving Digital Growth, los cinco comportamientos necesarios para la agilidad organizacional son los siguientes.

Planificación continua

En un mercado en el que los cambios se suceden diariamente, una compañía no puede esperar meses para descubrir si un producto o servicio funciona.

Por ello, la agilidad organizacional requiere de una planificación constante y en tiempo real por parte de los ejecutivos. Solo así conseguirán la velocidad y el dinamismo necesarios para innovar con éxito.

Estructuras y procesos Agile

Claro está que la consecución de una rápida respuesta va a depender de que la compañía disponga de una maquinaria ágil y flexible, que le permita reorganizarse –en términos de recursos y capital humano- en función de las necesidades del momento.

Capacitación

La evolución tecnológica ha provocado que muchos de los ingresos de las empresas provengan de áreas que hace unos años ni siquiera existían. Esto provoca que los líderes deban promover el reciclaje continuo del capital humano, facilitando a los trabajadores la adquisición de nuevas competencias.

Se trata de crear “una futura fuerza laboral capaz de alcanzar los objetivos de los planes digitales y el flujo de ingresos”, recoge el estudio.

Empoderamiento

Según la encuesta, el 80% de los líderes más eficaces en agilidad organizacional garantizan que los empleados tienen acceso a los datos oportunos y relevantes, frente al 20% de los directivos más rezagados en cuanto a esta capacidad.

El liderazgo en un entorno cambiante requiere empoderar a los equipos y democratizar la toma de decisiones, pues son éstos los que, en último término, ejecutan los planes diseñados por la cúpula directiva.

Control

Por último, la agilidad organizacional va de la mano de un estricto sistema de control y evaluación.

Sin mediciones constantes, precisas y exactas, la compañía tardará demasiado en conocer el impacto de cualquier medida. En un escenario tan voluble, cualquier pequeña desviación inadvertida puede ser muy costosa, o incluso fatal, para la empresa.

Para enseñar a los directivos a desarrollar la agilidad organizacional, en el Grupo P&A contamos con el programa Speed, velocidad de liderazgo, con el que los altos cargos y mandos intermedios aprenden a identificar formas de mejorar tanto la rapidez como la efectividad de sus decisiones.

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