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Inteligencia emocional: definición, beneficios y plan de acción

Inteligencia emocional: definición y aportes

Nos hemos pasado muchos años con la mirada puesta en el cociente intelectual de las personas, cuando la realidad es que el IQ solo representa el 20% del éxito de una persona, según los últimos estudios. De ahí que haya personas extremadamente inteligentes que ocupan puestos de escasa responsabilidad.

Entonces, ¿de dónde proviene el 80% restante? Algo de suerte, las influencias que nos hayamos labrado en nuestra carrera y, en mayor medida, nuestra inteligencia emocional, son también determinantes a la hora de labrarnos un futuro prometedor.

Y tenemos buenas noticias: si bien una parte de estas habilidades emocionales están determinadas por nuestro mapa genético y nuestra infancia, en su mayoría son susceptibles de aprenderse y perfeccionarse a lo largo de la vida, si empleamos los métodos adecuados.


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¿Qué es la inteligencia emocional?

Aunque desde los años 20 del pasado siglo diversos estudiosos empezaron a hablar de una inteligencia diferente a la estrictamente cognitiva, el concepto de inteligencia emocional se lo debemos a Wayne Payne, quien lo citó en su tesis doctoral en 1985.

No obstante, no fue hasta la publicación del libro ‘Emotional Intelligence’ en 1995, cuando su autor, David Goleman, popularizó esta idea y la asoció al mundo empresarial.

Peter Salovey, Marc Brackett y John Mayer, en su obra ‘Emotional Intelligence: Key Readings on the Mayer and Salovey Model’, definen la inteligencia emocional como “la capacidad de percibir, integrar, comprender y gestionar reflexivamente los sentimientos propios y de los demás”.

Para Goleman, la inteligencia emocional es “la habilidad de gestionar las emociones de modo que sean expresadas de forma adecuada y efectiva, permitiendo a las personas trabajar de manera coordinada en torno a los objetivos comunes”, destacando cinco habilidades principales de las personas emocionalmente inteligentes:

  • Autoconocimiento: tienen conciencia de sus propias emociones y pueden reconocer un sentimiento en cuanto surge.
  • Autogestión: controlan los impulsos y las pasiones personales para que no se adueñen de ellos.
  • Automotivación: desarrollan estímulos positivos (como el entusiasmo), que propician la consecución de los objetivos.
  • Empatía: presentan la capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona y comprender sus sentimientos.
  • Habilidades sociales: establecen buenas relaciones con el resto de individuos con los que interactúan.

 

¿Por qué y cómo desarrollar la inteligencia emocional?

El cine nos ha acercado a muchos ejemplos –algo estereotipados– de sujetos con intelectos cognitivos extraordinarios, pero emocionalmente disfuncionales, lo que los lleva al fracaso en sus relaciones personales y laborales.

Si conseguimos aprender a gestionar adecuadamente nuestros sentimientos, partiremos desde una posición más ventajosa frente a los retos. De hecho, el cociente de inteligencia emocional (EQ) es tan relevante en nuestro desarrollo profesional que representa el 58% del rendimiento en cualquier tipo de trabajo y se convierte en el mayor promotor del liderazgo y excelencia personal de los individuos, según un estudio realizado por TalentSmart.

Como consecuencia, contar con un equipo humano con habilidades emocionales va a suponer un incremento del rendimiento y los resultados de la compañía, sin olvidar el aumento de los niveles de satisfacción y motivación de los empleados y la mejora del clima laboral de la empresa.

Para beneficiarnos de todas estas ventajas, solo tendremos que poner en marcha un plan de acción que conste de los siguientes pasos, propuestos por la doctora Andree Swanson, de la Universidad de Ashfort:

  1. Definir qué es lo que queremos cambiar. Nos referimos a aspectos que van desde cómo nos comunicamos con el resto de los compañeros hasta la manera en la que respondemos a los correos electrónicos.
  2. Concretar cómo vamos a llevar a cabo este cambio. Puede ser tomándonos tiempo para afrontar la situación que nos supera emocionalmente o hablar sobre nuestros sentimientos con el interlocutor. Llevar un diario sobre nuestras emociones puede, también, ser una útil herramienta.
  3. Revisar los resultados. Tras un periodo de prueba, observaremos si nuestro nuevo comportamiento está dando sus frutos.

 

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Noelia Consultora Asociada en Grupo PyA (www.grupo-pya.com) colaborando en proyectos de consultoría de RRHH, formaciones, gamificación y facilitando talleres EL (Extraordinary Leader), EP (Extraordinary Performer) y ATEL (Advancing the Extraordinary Leader) de Zenger & Folkman en los que tuve la suerte de certificarme en 2015.

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