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Comunicación kinésica: ¿qué dices con tu cuerpo?

Etimológicamente, la comunicación kinésica proviene de la palabra griega ‘kinesis’, que significa movimiento, y se refiere a aquella información que se ofrece a través de los mensajes corporales no verbales.

Comunicación kinésica: ¿qué dices con tu cuerpo?

Conforme las investigaciones científicas desvelan más datos sobre la importancia de la comunicación no hablada dentro de las interacciones humanas, el sector empresarial aumenta su interés por conocer y dominar este tipo de información, de modo que los directivos y líderes puedan transferir los mensajes del modo más adecuado posible.

En este sentido, cabe destacar los estudios desarrollados a finales de los sesenta por Albert Mehrabian y Morton Wiener, recogidos en ‘Decoding of Inconsistent Communications. In: Journal of Personality and Social Psychology’ en los que demostraron que el lenguaje corporal supone el 55% de todo el mensaje, mientras que la entonación de la voz representa el 38% de la información y las palabras, solo el 7%.

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¿Qué elementos conforman la comunicación kinésica?

  • Los gestos. Los movimientos con el cuerpo y las posturas, principalmente ejecutados con los brazos, las manos y la cabeza, pueden expresar infinidad de emociones y sensaciones. Dentro de estos se pueden diferenciar:
    • Emblemas: los que se realizan de forma consciente y son reconocidos de forma general. Por ejemplo, levantar el dedo pulgar hacia arriba con el puño cerrado simboliza un ok, mientras que hacia abajo representa lo contrario.
    • Ilustrativos: acompañan a la comunicación verbal, reforzando lo que se dice a través de las palabras, como encogerse de hombros mientras se expresa que se desconoce la respuesta a una pregunta.
    • Reguladores: aquellos que se emplean para dirigir el diálogo, ya sea para parar al interlocutor (como levantar una mano), pedir que continúe (asentir con la cabeza), invitar a otra persona a participar (mirándola o señalándola con el dedo)…
    • Adaptadores: los que expresan emociones que se intentan esconder y se dan en situaciones en las que el estado de ánimo del emisor no se corresponde con la situación. Se trata, por ejemplo, de tamborilear los dedos en una reunión a consecuencia del nerviosismo.
  • Expresiones del rostro. Todas las personas pueden emitir hasta 1.000 expresiones diferentes con su cara, según las combinaciones que se realicen de siete emociones principales definidas por Paul Ekman en su obra ‘Emotion in the human Faces’:
    • Enfado: caracterizado por el ceño fruncido, las cejas hacia abajo, la mirada fija y los labios apretados.
    • Desprecio: denotado por levantar ligeramente un lado de la comisura de los labios y mantener la mirada fija, aunque algo perdida.
    • Asco: cuando el rostro muestra el ceño fruncido y los ojos algo cerrados, mientras el labio superior aparece levantado.
    • Miedo: en el que las cejas aparecen muy levantadas, los ojos extremadamente abiertos (con los párpados superiores arqueados y los inferiores en tensión) y la boca entreabierta.
    • Felicidad: representada por la aparición de arrugas en los laterales exteriores de los ojos y los pómulos y labios elevados.
    • Tristeza: cuando el párpado superior está ligeramente cerrado, la mirada, algo perdida y la comisura, hacia abajo.
    • Sorpresa: en este caso, los ojos se muestran muy abiertos, la boca entreabierta y las cejas levantadas.
  • La mirada. El brillo de los ojos, el movimiento de los globos oculares o la dilatación de la pupila aportan gran cantidad de información, muchas veces emitida y decodificada de forma inconsciente. Así, una mirada fija puede denotar interés por lo que se está diciendo, aunque si es demasiado persistente puede significar amenaza.
  • La sonrisa. Aunque se asocia con la felicidad, lo cierto es que la sonrisa puede contener hasta 18 tipos de emociones diferentes, según Ekman, como desprecio, ironía, resignación… Por ejemplo, una sonrisa que no va acompañada por el resto de gestos faciales asociados a la felicidad hacen que esta sea falsa o forzada.
  • El tacto. Una palmada en el hombro, los cambios de presión del contacto, un apretón de manos flojo y huidizo, un contacto corporal largo… El contacto físico también tiene mucho que aportar como parte de la comunicación kinésica.

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