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Agilidad Emocional: cómo gestionar los desafíos internos sin perder el equilibrio

¿Ser “profesional” en el lugar de trabajo significa que los empleados deben dejar sus emociones a la puerta? Desde hace mucho tiempo ha habido la creencia de que suprimir las emociones es lo que hay que hacer en el trabajo, y que no se debe traer la vida personal al trabajo.

Pero la COO de Facebook Sheryl Sandberg no estaba  de acuerdo cuando dijo aquella frase de “Lleva todo tu ser al trabajo. No creo que tengamos una personalidad profesional de lunes a viernes y una real el resto del tiempo. Todo es profesional y todo es personal”. Estoy de acuerdo con Sandberg. Debes llevarte todo de ti mismo al trabajo. La clave, sin embargo, es desarrollar la agilidad emocional que te ayudará a ir hacia delante de manera positiva y apropiada.

¿Cómo encontramos ese equilibrio correcto? Recientemente entrevisté a Susan David, psicóloga de la facultad de Harvard Medical School y CEO de Evidence Based Psychology. Susan me explicó que, en las organizaciones y en la vida cotidiana, tenemos miles de pensamientos, emociones, experiencias e historias personales; que lidiamos con estas energías en todo momento: nuestras relaciones, nuestros tareas y proyectos, y que con ellos dirigimos, gestionamos e interactuamos con el mundo que nos rodea.

Agilidad emocional es la capacidad de estar en contacto de forma saludable con nuestros pensamientos, emociones e historias, incluso con los que puedan ser preocupantes o inquietantes. Si hacemos esto, entonces podremos seguir actuando de acuerdo a como queremos vivir y estar en el mundo. La clave es aprender de todas nuestras emociones, incluyendo las más difíciles.

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Reconocer tus emociones a través de la atención plena

Creo que el camino hacia la agilidad emocional comienza con la atención plena. Confieso que cuando lo oí por primera vez, fui escéptico. Sonaba blando. Cuanto más lo leo y lo práctico, más sentido tiene. Un informe especial de Publicaciones de Harvard Health describe la atención plena como:

  • “La práctica de centrar deliberadamente la atención en el momento presente y aceptarlo sin juicio.”

El punto principal es que prestes atención al presente, centrarte en lo que está pasando dentro de ti, observarlo como si fueras una persona a tu lado, y no juzgar lo que estás observando.

Algunos logran esto a través de la meditación, pero ya es un pequeño paso adelante comenzar centrando tu atención en las sensaciones del momento a momento durante las actividades cotidianas. Hacer esto para cada tarea: haciendo una sola cosa a la vez y prestando toda tu atención. Se trata de silenciar el ruido y la actividad a tu alrededor para ser más conscientes de lo que estás haciendo y experimentando.

 

Dar sentido a tus emociones

La agilidad emocional no es una cualidad natural o inherente de las personas. Sin embargo, puedes adquirir y fortalecer esta capacidad a través de la práctica. En mi entrevista con Susan David, ella describió cómo los líderes pueden hacerse cargo de sus emociones: “Mostrar las emociones es la forma de no luchar con ellas. En lugar de decir “estoy estresado”, es mejor aplicarse en comprender la diferencia entre estar estresado y estar enojado, decepcionado o triste. Cuando etiquetamos nuestras emociones, especialmente nuestras emociones difíciles, de una manera más precisa, somos capaces de hacer elecciones que son intencionales y están más conectadas con lo que realmente estamos sintiendo “.

En su libro Emotional Agility, Susan comparte preguntas, que los líderes que luchan por dar sentido a sus emociones, pueden preguntarse a sí mismos para evaluar dónde están.

  1. “Yo podría tener razón, pero esto ¿me sirve a mí, a la organización o al equipo?” La mayoría de los líderes que conozco se enganchan a la necesidad de tener razón. Es útil recordar que, aunque el mundo entero estuviera de acuerdo en que tienes razón, aún tendrías una opción sobre cómo vas a actuar.
  2. “¿Es viable lo que estoy haciendo?” Los líderes a menudo se quedan atrapados ante situaciones en las que deben tener una conversación difícil. Adoptan medidas que satisfacen la necesidad inmediata pero no abordan la cuestión a largo plazo. Obtienen alivio inmediato. La idea de la viabilidad es que hay algunas acciones que nos valen para el corto plazo, pero no nos sirven a largo plazo. No nos acercan al líder, empleado o persona que queremos llegar a ser con el tiempo. La agilidad emocional nos permite reconocer cuando estamos tomando una salida a corto plazo, porque es más fácil y más cómodo, en lugar de dar un paso más difícil a largo plazo.
  3. “Sé cuál es mi tarea, pero ¿cuál es mi objetivo?” Al hacer esta pregunta, nos alejamos de la idea de que debemos revisar las notas de nuestras listas de tareas. De esta forma podemos elevar nuestro pensamiento para determinar lo que realmente estamos tratando de lograr. En una reunión, puedes estar tratando de conseguir una tarea en concreto, pero tu objetivo más importante podría ser desarrollar las habilidades de resolución de problemas del equipo, o asegurarte de que el equipo se mantiene altamente motivado.

 

En conclusión, todos los líderes, gerentes, o empleados son seres humanos que a veces sienten una gama completa de emociones. Cuando los ejecutivos no tienen la capacidad de estar abiertos a toda la gama de emociones que siente su equipo u organización, debilitan y socavan el cambio y disminuyen la motivación, el compromiso que impulsa el éxito de la organización.

En resumen: ralentizar, detener la multitarea, tomar tiempo para reconocer lo que estás sintiendo y considerar cómo esas emociones están afectando tu propio trabajo y el de la gente que te rodea.

 

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Por Mariano Operé



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Jack Zenger John H. "Jack" Zenger es el cofundador y director ejecutivo de Zenger Folkman, firma de servicios profesionales que ofrece programas de consultoría y desarrollo de liderazgo para iniciativas de efectividad organizacional.

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